¿Quieres una piel bella? Dile adiós a estos 5 hábitos


Más allá de los años, las arrugas en la piel y su resequedad reflejan nuestro estilo de vida e incluso nuestros hábitos, como fumar o tomar alcohol. Aquí te cuento qué hábitos debes abandonar si es que quieres tener una piel bella y tersa.


“¿Viste la piel de esa mujer?” preguntó mi amiga e inmediatamente continuó diciendo: “parece que tuviera 10 años más que yo, cuando en realidad tiene 10 menos”. “Obvio, le dije, tú escasamente te tomas un trago cuando vas de fiesta y le huyes al sol aún cuando éste ni se asoma”.

La edad no es, entonces, el único factor que contribuye al envejecimiento de la piel. En realidad son los factores externos los que en mayor medida determinan los cambios en sus características.

El tener una vida sedentaria o con muchas preocupaciones, el llevar una alimentación que no es particularmente saludable, fumar y beber en exceso y la exposición excesiva al sol, entre otros, hacen que el órgano más extenso de nuestro cuerpo se debilite, pierda su humedad natural y se arrugue. Si quieres tener una piel bella, debes abandonar los siguientes hábitos:
No fumes. Si eres fumador o conoces a alguien que fuma, fíjate en la piel de los pómulos, especialmente el área más cercana a la nariz, y te darás cuenta de que los poros están abiertos, signo de que la piel comienza a deteriorarse. Inclusive, las yemas de los dedos y los alrededores de la boca se tornarán de un color grisáceo que no coincide con el resto de la piel. La nicotina de los cigarrillos hace que los vasos sanguíneos se contraigan en las capas superficiales de la piel. Esto hace que la sangre llegue con dificultad, lo que significa que tu piel recibe menos oxígeno y otros nutrientes necesarios para la belleza de la piel (como la vitamina A por ejemplo). Además, los químicos que contiene el tabaco, que son más de 4,000, dañan el colágeno y la elastina.
No bebas alcohol. ¿Has escuchado hablar de que tomar mucha agua es indispensable para mantener la piel hidratada y bella? Es cierto. El agua hace que tu piel se vea más joven y bella. Pero si lo que te gusta es tomar alcohol, estarás produciendo el efecto contrario: el alcohol causa deshidratación lo cual priva a la piel de sus nutrientes vitales que la hacen parecer opaca. El alcohol también causa que los vasos sanguíneos se dilaten, y si bebes con mucha frecuencia puedes desarrollar manchas rojas o dilataciones vasculares superficiales (que se conocen como las arañas vasculares o “venas arañas”) que no se ven atractivas. Por cierto, si tienes rosácea o psoriasis, el alcohol agrava estas dos condiciones.
No te frotes la cara para eliminar el acné. Es cierto, el acné es una condición molesta y no es agradable a la vista. Es un problema muy común y muchas personas en su afán por quitárselo, se frotan la cara con fuerza pensando que de esa forma lo van a eliminar. Pero no es así. Si frotas tu la cara muy fuertemente, lo que haces es causar más irritación. Para el acné, usa los medicamentos indicados para el acné ya sea de venta libre o, si no te funcionan, los recomendados por un dermatólogo.
No abuses de los baños calientes. Si no quieres tener una piel seca y posiblemente hasta desarrollar una dermatitis (una inflamación severa de la piel), evita darte baños o duchas calientes que duren mucho tiempo. El agua cliente remueve los aceites naturales de la piel mucho más rápido que el agua tibia o fría causando resequedad.
No te olvides de hidratar toda tu piel. Hazlo por la mañana, después del baño para que la piel retenga la humedad y se mantenga hidratada. Por la noche también puedes darte un toque de crema hidratante para mantener la piel suave. Esto se aplica tanto para la cara (busca cremas para el día con protector solar y otras para la noche) como para todo el cuerpo. Así lucirás una piel llena de vida.

Finalmente haz ejercicio, consume una dieta saludable (incluye muchas frutas y verduras) y evitar exponerte al sol en exceso ya que también son claves para tener una piel bella.

Depilación definitiva


Parte importante de la belleza femenina es un cuerpo libre de vello indeseado. Para lograrlo, las mujeres recurrimos, usualmente, a métodos temporales, que cortan (maquinillas de afeitar, cremas depilatorias) o arrancan el pelo (cera, hilo, máquinas), pero no evitan que vuelva a crecer. La tecnología aplicada a la cosmética brinda alternativas para que el vello sea un problema del pasado: Electrólisis: un método conocido desde hace tiempo, que mediante un impulso eléctrico sobre la raíz misma de cada pelo, genera una reacción química en el bulbo. Tras cada sesión, el vello crece más fino y débil, hasta desaparecer. Radiofrecuencia: actúa generando calor en el folículo piloso, debilitándolo progresivamente. Blend: combina las dos técnicas anteriores, y es el método de elección en vello claro (pelirrojo a blanco). Luz pulsada: se aplica una luz intensa que destruye el folículo piloso, el cual crece luego más débil y en ciclos más largos. Es ideal para tratar zonas extensas, y todo tipo de vello. Láser: es el más novedoso, se aplica en cualquier parte del cuerpo y, como trabaja a partir de la melanina (el pigmento presente en piel y pelo), actúa mejor cuanto más oscuro es el vello. Todos los tratamientos requieren varias sesiones, dependiendo de la evolución del tratamiento y las características de cada paciente. La luz pulsada y el láser son los más inocuos e indoloros, garantizan la eliminación progresiva del pelo no deseado, sin interferir con la vida cotidiana.

¡Trucos de maquillaje que rejuvenecen!


Con el maquillaje adecuado, puedes quitarte unos cuantos años de encima. Ficha estos sencillos consejos con los que podrás disimular las huellas que deja en tu piel el paso del tiempo y lucir un rostro más luminoso y joven.

Contra las arrugas en el contorno de ojos
Las bases de maquillaje son nuestras aliadas para quitarnos años y además disimular las arrugas que empiezan a verse al lado de los ojos. Para ello deberemos encontrar una base algún tono superior o igual a nuestro color natural. La aplicaremos suavemente por todo el rostro incidiendo en el contorno de ojos, donde podemos extender el color de los párpados hacia esta zona.

Antes de aplicarnos el maquillaje es importante limpiar y exfoliar esta zona y aplicar una base algo más clara, en tonos beige o dorados para disimular totalmente esas arruguitas y líneas de expresión que tanto nos molestan.

Colores siempre más claros
Está demostrado que los colores oscuros nos ofrecen un aspecto más envejecido porque marcan mucho más nuestras facciones. Así que un truco puede ser aplicarnos bases de color nude, totalmente naturales, o bien rosas, naranjas y ocres. Además, son colores de moda que sientan fenomenal tanto si vas a una gran fiesta como de paseo o al trabajo.

El color marrón es protagonista de la temporada y el mejor tono para sustituir al negro. En los ojos, va a quedar mucho mejor un eyeliner tierra que otro más oscuro y en cuanto al rímel podemos seguir con el tradicional de siempre o bien atrevernos con otros colores más claros que nos dejarán miradas extralargas, pero mucho más juveniles.

Con los labios sucede algo similar. Los rojos pasión acentúan las arrugas de un labio poco cuidado. Podemos aplicar una base algo más clara primero y luego remarcarla con una barra de labios de tono beige, rosa o marrón.

Aunque para parecer más joven, basta simplemente con pasar algo de gloss más clarito sobre el labio y ofrecerás un aspecto fresco y sensual sin ir sumamente pintada.

¡Fuera ojeras!
Cuando estamos cansadas, hemos dormido mal o bien por el paso de los años, las ojeras se acentúan e incluso pueden aparecer esas antiestéticas bolsas debajo de los ojos. Ello nos hace envejecer prematuramente.

Además de las cremas de contorno de ojos, existen algunos sencillos trucos de maquillaje que nos sacarán de más de un apuro:
Debes tener siempre un corrector de ojeras en forma de barra de labios en tu bolso para poder aplicarlo siempre de forma difuminada. Suelen ser de color carne o beige y nos iluminará la mirada en un solo instante.
Las bases doradas, sobre todo el contorno de ojos, incluida la parte inferior, también quedan muy bien porque nos ofrecen brillos muy atractivos que podemos combinar con la barra de labios o el rímel.

Perfumes que seducen


Cuando hacemos referencia a la palabra “perfume” de inmediato pensamos en una fragancia agradable. A veces nos hace recordar a una persona, un lugar o un momento determinado. Pensamos en flores, en frutas, en maderas, en árboles, en el mar y así lo relacionamos con la naturaleza y quizás con alguno de nuestros sentimientos ocultos…

¿y porque no pensar en el perfume como un arma de seducción? Hombres y mujeres lo usamos, a veces por costumbre y otras para causar fascinación y atención del sexo opuesto, ¿Pero qué es lo que nos hace tan susceptibles a una fragancia, que provoca atracción por la persona que la luce en su piel?

Para conocer un poco de la historia de los perfumes nos tenemos que remontar a la prehistoria, dónde los hombres de aquellos tiempos descubrieron los olores que se desprendían de las ramas de unos árboles por el contacto de estas con el fuego. De esa manera comenzaron a incinerar maderas agradables con el fin de ofrecer su aroma a los dioses.

La fabricación de perfumes para el uso de las personas surgió en Egipto y allí nacieron las primeras fragancias naturales de los más variados tipos. Desde ese momento la perfumería se expandió hasta ser, hoy en día, una de las industrias más demandadas por sus clientes y, también, la más rentable.

¡Así que manos a la obra! El perfume también es un accesorio de belleza y, gracias al sentido del olfato, el más eficaz a la hora de seducir.

¿Cuál es la diferencia entre una crisis y el final de una relación?


Las relaciones, como las personas, atravesan varias fases de crecimiento a las que deben adaptarse y en las que sería bueno que reunieran experiencias de aprendizaje. En estos cambios de etapa, las crisis suelen ser el ingrediente obligado de los replanteos y las reflexiones en profundidad. ¿Cómo saber si los problemas en los vínculos humanos obedecen a esta transformación o están anunciando el fin de ese lazo que unía a dos personas? Crecer uno mismo o con el otro: ésa parece ser la cuestión.

Las rupturas y los alejamientos siempre implican la posibilidad del regreso. Sin embargo, es tan azarosa la reconciliación como la distancia definitiva; por eso, cuando surge un conflicto entre dos personas que se quieren, ¿es una crisis o el final del vínculo? ¿Qué se puede aprender de esos momentos? La Licenciada Elena Fernandez nos brinda algunas pistas para capitalizar los episodios críticos, de tal manera que podamos crecer durante toda la vida y enriquecer nuestro bagaje de experiencias.
Crisis: ocasión para la transformación

Hasta hace algunos años, el término “crisis” poseía una connotación negativa que llevaba a evitar esos replanteos como fuera: utilizando la evasión, el reproche o el ataque como forma de defensa. Sin embargo, en el último tiempo cobra mayor difusión la idea de crisis como oportunidad de cambio: tomando el necesario y vital dinamismo de los seres humanos, los especialistas coinciden en afirmar que entrar en crisis es una forma de llamar a los momentos de crecimiento personal.

- Licenciada Fernández, ¿cuándo se produce una crisis?

Cuando hay algo que tenemos que cambiar. Ya sea por algo personal o que viene de afuera, siempre se trata de un cambio interno: por ejemplo, si te quedas sin trabajo la situación externa genera una crisis, pero el cambio debe ser personal hacia esa situación. En consecuencia, una crisis indica que hay algo nuevo y que hay que hacer un cambio.

- En el marco de una relación de amor, ¿cómo se sitúa esa necesidad de cambio?

Tomando el caso de una pareja, a lo largo de ese vínculo hay muchas crisis. Primero, la de vivir juntos. Luego, nace un hijo: es muy lindo, pero hay que adaptarse a una nueva situación. Hay crisis provocadas por el funcionamiento de la pareja o por cuestiones externas: que uno de los dos se quede sin trabajo, por ejemplo. En todos los casos, la pareja debe incorporar nuevos elementos. Cuando no puede hacerlo, es la debacle total.

- Ése sería el punto de distinción entre una crisis y el fin de una relación: no poder sumar esos cambios.

Claro, cuando no se pueden incorporar los elementos nuevos que presenta la vida o la realidad. Por ahí, los dos no lo pueden hacer y viene el gran problema.
Atención para cambiar: el primer paso

Los episodios de crisis vienen precedidos de signos de alerta, que los implicados pueden o no atender, pero que están presentes. Es por eso que la llegada de una crisis obliga a un acto de autocrítica por parte de quienes se encuentran viviendo ese momento, de tal manera que no echen culpas desmedidas al otro y reconozcan su cuota de responsabilidad en esa situación.

- ¿Cuáles podrían ser los indicios de que se precisa un cambio?

Uno se da cuenta enseguida, porque la crisis viene acompañada de ciertos síntomas: bronca, violencia, abandono, indiferencia, etc. Al principio, cuando uno está metido en esa relación, lo esconde debajo de la alfombra y hace que no pasa nada. A todos nos cuesta aceptar cambios e incorporar elementos nuevos; además, pensar que la relación está en crisis lleva a decir: “Estoy fea, gorda, vieja, no me quiere más, ya no sirvo, tendrá otra”. Esos sentimientos muy fuertes hacen que uno tape la verdadera situación de la crisis, que es una desacomodación en el vínculo.

- ¿En qué aspecto de la pareja comienza esta desacomodación?

Generalmente, el problema sexual es fundamental y lo que lleva a crisis: “Estoy cansado, no tengo ganas”. Eso va llevando a un deterioro en la pareja y puede que, ahí sí, aparezca un tercero.

- ¿Pero en las crisis por infidelidad la culpa es la llegada del tercero?

No, ya existía un problema en la pareja. Porque si la relación está bien, el tercero pasa desapercibido, no se ve. Cuando uno está muy bien, puede pasar cualquiera y no se ve porque uno está muy enamorado. De repente, la pareja no se da cuenta de su crisis y pasa un tercero y el otro se deja llevar por lo que encuentra ahí: afecto, escucha, mejor sexo…


- ¿Cómo remontar el vínculo luego de una infidelidad de ese estilo?

Si es una pareja fuerte, se puede volver al hogar y decir: “Mirá lo que me pasó, tenemos que cambiar”. Si yo no sabía que estaba tan mal con mi marido y de repente me encuentro con un hombre cálido que me dice cosas bonitas, me dejo llevar y me doy cuenta de que me gustaría verlo de nuevo. Si lo pienso, en un primer momento la emoción aparece ligada al otro y parece que uno se retira afectivamente de la pareja; pero, en verdad, lo que sucede es que uno está enojado con la pareja, tiene bronca y por eso le retira el afecto.

- ¿Y si la crisis la siente uno, pero el otro cree que está todo bien?

No, la crisis siempre son de a dos. Uno la puede negar: frente a un elemento nuevo de cambio, uno no lo quiere ver, prefiere refugiarse en lo viejo, en lo desconocido, lo que no da miedo. Lo nuevo siempre asusta, remueve cosas internas y, en realidad, lo que uno cambia son patrones mentales. Si uno vivía de determinada manera, posiblemente existían patrones mentales al estilo de “mi mamá y mi papá tenían una pareja así, yo busco una pareja igual”.
Crisis en tiempos de crisis: formas distintas de vivir

Sí, como afirma la Licenciada Fernández, los patrones mentales también se asocian con el modo en que nuestros padres y abuelos formaban sus respectivas parejas, es posible que esas maneras de entablar vínculos amorosos esté en discusión. Muchas personas, en la actualidad, discrepan con el modo en que sus padres llevaron a cabo su matrimonio y eso influye en su propia relación de amor. Es por eso que afrontar un proyecto de pareja, en estos tiempos, conlleva una mayor tendencia a vivir en crisis.

- El preguntarse sobre el mejor modo de formar una relación, ¿es lo que hace que ahora haya crisis con mayor frecuencia?

Es que el mundo está más acelerado, la mujer sale a la calle y no se queda a esperar al marido a que vuelva de trabajar. Antes ella cuidaba la casa y aguardaba al hombre que, cuando llegaba, tenía la comida, prendía la tele, tenía el grupo familiar a su alrededor y listo. Además, antes alcanzaba con que el hombre fuera el único que salía a trabajar. Ahora, salvo que el hombre tenga un salario muy bueno, los dos tienen que trabajar.

- Y además muchas mujeres quieren crecer profesionalmente.

Sí, porque no aceptan su rol tradicional y saben que necesitan realizarse en el plano personal. Ésta es una crisis social, no sólo de la pareja, porque hay un cambio en un elemento que requiere acomodación. Hay muchos hogares que se acomodaron y otros en los que se necesitó un esfuerzo terrible. Muchos hombres no podían entender cómo las mujeres salía tanto como ellos a trabajar y, a veces, cobraban más. Eso repercute en todo: en lo sexual, en lo amoroso, se muestra en que “no te hablo, no me comunico, me lleno de bronca”.

- Sí, también puede darse un problema con la percepción de la masculinidad en muchos hombres cuando surgen estos cambios.

Claro, ¿el ser masculino puede aceptar ahora que la mujer trabaje? Pero ese cambio de la mujer lleva a que quiera ser activa en todos los niveles, no sólo en el laboral: descubre su sexualidad, donde era pasiva, pero ahora se anima a pedir y a sentir, quiere sentir.

- ¿No parece a veces que, apenas hay un problema, las parejas se separan?

Pero eso va llevando a toda una crisis. Las parejas que están fuertes, tienen diálogo y se respetan, pueden modificar lo que se necesita. Frente a una crisis, pueden aparecer los portazos, los gritos y las amenazas: “me voy con otro/a, no vuelvo más”, pero nadie se sienta a pensar lo que está pasando. En toda crisis, en un principio, hay violencia. Hay muchas situaciones en las que el hombre hace eso, se va de la casa y regresa desesperado a reconciliarse con su mujer porque se dio cuenta de que se le rompió el mundo. Extraña a sus hijos, a su familia, pero ahí se había roto el diálogo. Si se dieran cuenta de que algo les está pasando, podrían pensar.

- ¿Y de qué manera se puede propiciar ese acto de pensar?

Las técnicas que me dieron mejores resultados son las que implican un trabajo personal. He trabajado con familias y parejas, pero es muy difícil, porque si uno dice algo, el otro reprocha: “Dice eso porque no me quiere”. Entonces, utilizo la meditación para el trabajo individual: voy dentro de mí, pienso lo que me pasa, pienso en lo que quiero. Eso es fundamental: es “La” pregunta. ¿Qué es lo que quiero, qué es lo que me hace feliz? ¿Qué es lo que deseo en este momento? Eso es lo fundamental porque es lo que me abre caminos para lo nuevo. Si ambos hicieran el mismo proceso, la pareja podría salir de la crisis.

- A veces, uno quiere cosas que sabe que no le harán tanto bien como continuar con su proyecto de pareja. Ejemplo: uno se encandila con un tercero aunque sabe que esa posibilidad es menos satisfactoria que su presente…

Lo que sucede es que ese alguien le despertó sentimientos que estaban dormidos. Cree que le generó nuevas emociones, pero la verdad es que ya estaban, aunque tapadas, porque la pareja no tiene intimidad, porque no busca lugares para salir solos, los chicos los invaden, no tienen tiempo para nada, perdieron el romance y hasta el sentido de lo sexual. Hoy en día se preservan más las relaciones de los que viven separados que de los que viven juntos.

- ¿Por qué sucede eso?

Porque es más difícil convivir, la mujer no quiere ceder tantos espacios, el hombre también tiene que hacer cambios y no esperar a la mujer-mamá, sino a una compañera. No decirle “¡No me planchaste la camisa!”, sino hacerlo él, o también cuidar al bebé y cambiarle los pañales.
Un origen “imprevisible” pero un desarrollo controlado

Así podría definirse el curso de una crisis en el marco de una relación. Si bien aparece como parte de la vida y del correr del tiempo, las técnicas y las decisiones puestas en práctica para sobrellevar el momento definen, en gran medida, los resultados finales.

- ¿Las crisis se pueden prevenir?

No; aparecen, surgen. La crisis es crecimiento en la vida, un planteo de cambios constantes que siempre van a desencadenar una crisis porque implican una reacomodación. La vida es un constante aprendizaje y, por eso, no hay culpas.

- ¿Y cómo evitar echarle culpas al otro durante una crisis y, así, empeorar las cosas?

Uno siempre le echará la culpa al otro en un primer momento, porque se debe al shock. Lo que uno tiene que hacer es pensar qué le pasó al otro para obrar así. Pero si hurgá en su interior, se dará cuenta de que tampoco estaba bien. Al principio, uno coloca todo afuera, y creo que uno tiene que empezar a ver qué es lo que pasa adentro. Si empiezo a adoptar este planteo, me podré reconocer mejor.

- ¿La meditación ayuda a lograr este proceso?

Sí, porque primero se bajan las revoluciones y uno se da cuenta de que el cerebro puede funcionar más lentamente. Al relajarse, no sólo se afloja el cuerpo, sino también ideas y sensaciones que hablan de uno mismo. Así, uno se acostumbra a generar un diálogo interior. Porque yo creo que todo depende de uno.

- ¿No es “uno y el contexto”? Muchas veces se pierde de vista el factor contextual.

Sí, porque te puede pasar algo externo, pero todo depende de la actitud que se tenga.
Otras experiencias “críticas”

Si bien la crisis de pareja es una de las vivencias más conflictivas de una persona con sus amores, la familia también pasa por sus momentos de quiebre y cambio, sobre todo cuando el matrimonio que encabeza el núcleo familiar se encuentra en disputa. En ese momento, toda la familia siente los efectos del problema y se halla implicada en el proceso de reacomodación.

- ¿Cuáles son las características de la crisis familiar? Hay muchas personas que han roto lazos con su familia, ¿cómo se puede entender eso?

Yo creo que alguien rompe algo porque no puede hacer el cambio. Hay mujeres cuyos maridos las engañan, pero ellas no pueden ver el cambio; se quedan con que “es un sinvergüenza”. Entonces ella se quedó toda la vida con eso y él se fue.

- Entonces, si aceptaríamos los cambios, ¿podríamos aspirar a tener amores para siempre?

Por lo menos, podríamos tener los amores que nos corresponde tener en ese momento. Porque una pareja puede durar toda la vida o no: sólo algunas etapas, porque lleva un momento de cambio personal de uno y en el otro no. Generalmente, los cambios llevan a tomar determinaciones, y si no se puede cambiar juntos, habrá que hacerlo separados. Más de una vez, si el otro no acompaña con el cambio o no pueden saltar juntos, el cambio implica la ruptura, porque no se puede obligar al otro a cambiar.

- ¿Cómo se comunica a los hijos que en la pareja hay una crisis?

Se dan cuenta mucho antes: están nerviosos, se les caen las cosas, les va mal en el colegio, son los primeros que van a detectar todo. Los chicos, como las mascotas, nos observan todo el tiempo, porque mientras son pequeños los adultos son el centro de su vida.

- ¿Qué lugar ocupa el diálogo?

Es fundamental y hay que decir hasta las cosas que uno nunca diría por miedo a perder al otro. Hay que juntar coraje y decirlas. En ese momento, hay que sincerarse: “a mí me está pasando esto y esto”. Si vos te abrís, surge la comprensión, porque si no el otro no sabe qué es lo que pasa.

- Pero al abrirse también puede haber estallidos de furia…

Sí, a veces uno le dice con altoparlante al otro: “¡No me escuchas!”, y el otro hace como si nada. No escucha para nada. Cuando un buen día uno dice “Chau, me voy” Es muy común que se piense que el que se queja es un hincha, que tiene un mal día, pero va pasando el tiempo y lo mejor es dialogar: “creo que la situación es crítica, tenemos que hablar porque esto se va al diablo y yo todavía te quiero”. Hay relaciones que, pasado el tiempo, pierden el amor y no hay ganas de luchar.

- En estas situaciones, ¿sirve pedir un tiempo? Porque se dice que es una mentira, una excusa para irse de a poco.

El otro pensará que es una excusa de su pareja para ser infiel, pero si hay confianza y se toman en serio las cosas, pedir un tiempo puede funcionar.
Opciones para comprender el problema y manejar el estrés

Si todos tenemos que vivir varias crisis durante la vida, resulta obvia la importancia de conocer ejercicios, actividades y formas de sobrellevar mejor esas instancias y tomar las decisiones más atinadas que sea posible. Si bien no existen garantías, la búsqueda interior y la reflexión en profundidad parecen ser las alternativas más adecuadas.

- ¿Cómo se desarrolla una actitud constructiva en los momentos de crisis?

Bueno, es que las rupturas empiezan siendo un desastre, pero después todo se va acomodando. Primero, la persona llora y echa la culpa a todo el mundo. Después, se va aceptando: “ya está, no se puede modificar, ¿qué puedo hacer ahora?” “¿Qué pasa si no cambio nada?” Ése es un ejercicio que suelo indicar.

- ¿Cómo es?

Pensar: “¿Qué pasa si dejo las cosas tal como están?” “¿Qué pasa si no cambio?”, pensar cómo serían las cosas, como se vería uno. Ahora, “¿qué me pasaría si cambio?” Después, sacar conclusiones. Este ejercicio se puede hacer mediante visualización o con un cuaderno: dividir la hoja en dos y comenzar con cada opción en profundidad: imaginar por completo la situación en la que no habría cambio y, luego, con el cambio. Esto se puede hacer también con una meditación tranquila, poniendo música, respirando hondo y recorriendo con el pensamiento: la meditación puede ser activa mentalmente, para imaginarse las transformaciones. De repente, aparecen ideas en la mente sobre las que se debate después: “¿Por qué vi una flor mientras pensaba en esto?” Son señales que vienen de mí y se pueden interpretar.

- ¿Y hay algún ejercicio útil para indagar en las decisiones que debemos tomar?

Se puede realizar el de nombrar dos padrinos para consulta: un periodista, la Virgen María, un músico de rock, un político… Son dos consultantes imaginarios, por lo femenino y lo masculino, dado que de ambas cosas se forma el mundo. En un lugar especial imaginario sólo entran usted y sus consultantes, y tiene que imaginar que llegá a ese sitio y que la ayuda aparece.

- ¿Qué se aprende de todo este proceso?

Se aprende y se trabaja mucho con el perdón: es sabido que todas las broncas y resentimientos causan enfermedades graves. Así, si hubo una pelea con la madre, se la cita a ese lugar ideal y se le dice, imaginariamente, las razones de la pelea y se la perdona. El perdón es comprender, no es ese perdón tonto de “yo perdono a todos”. Comprender implica que mamá, por ejemplo, era así y no podía ser de otro modo. Cuando yo la perdono, puedo ver a mi mamá no desde el vínculo afectivo sino desde quién era: qué le pasaba, por qué era obsesiva conmigo, empezamos a trabajar con esos sentimientos que están adentro y llega mucha libertad.

- Es una especie de reconciliación.

Es sacarse todo lo que no sirve, porque el lugar que ocupa el odio en su interior se lo resta a la vida y al amor. Eso pasa en todas las relaciones, también la de pareja: “¿Qué le pasa a mi marido conmigo?” Ese odio ocupa un espacio emocional y energético que no permite ver qué hay detrás de eso.

- Si uno está en armonía personal, ¿puede superar mejor una crisis?

En realidad, puede enfrentar mejor a la crisis, pero cuando ésta surge, la armonía se pierde. Por ahí, si en un primer momento los sentimientos se desbordan, en un segundo momento uno se tranquiliza y pone en orden las ideas. No se deja que los síntomas perduren tanto tiempo. Surgirán las mismas broncas, pero no durarán tanto en el interior. Tienen que ocupar el momento y luego disiparse. Además, estar en armonía ayuda a capitalizar la experiencia: “¿Qué me quiere decir esto?”, como parte de un proceso vital. Eso es lo que uno aprende.

- ¿Cuál es el principal dato o conocimiento para superar una crisis?

La crisis se podrá enfrentar si se entiende como un cambio que se produce y en el que hay que descubrir lo que quiere decir la situación. En la pareja, no es seguro que los dos lo hagan, pero uno sólo, por lo menos, podrá entender mejor las cosas. Si uno dice “mira lo que me hizo, qué mal tipo, qué mala mina”, eso no sirve: son patrones mentales que no ayudan a crecer ni a ser felices. Si bien en el primer momento la persona se siente mal, después hay que pensar: a lo mejor estoy muy dedicada a mi carrera o a los hijos, y no le presto atención. Es más fácil hacerse la víctima, pero lo mejor es pensar qué es lo que me está pasando a mí, en el marco de quererse mucho, aceptarse tal cual uno es y confiar en el proceso de la vida.

F:revistabuenasalud

La Autocuración


Curarse uno mismo asumiendo una nueva actitud en la vida es posible, y tener una excelente calidad de vida aún siendo anciano también.

La autocuración implica saber más de uno mismo, conocerse mejor, tener mayor conciencia de nuestras reacciones frente a los otros y ante las circunstancias y reconocer nuestro carácter y nuestro estilo de vida, porque las enfermedades expresan emociones reprimidas o ignoradas y palabras no dichas y pueden ser consecuencia de ciertos estilos de vida y de hábitos dañinos.

No siempre el envejecimiento prematuro y los achaques de la vejez se relacionan con causas físicas, a veces, el trastorno emocional provocado por una quimioterapia es más devastador que las propias drogas; y la pérdida de un ser querido más perjudicial para la salud que la predisposición de factores genéticos.

Las emociones producen trastornos fisiológicos y orgánicos a nivel celular que favorecen la entropía, o sea la tendencia a la destrucción y a la muerte celular, ocasionando daños irreversibles y permanentes.

Estar sano y mantenerse más tiempo joven, equivale a lograr el equilibrio entre creación y destrucción; y la inteligencia del cuerpo se ocupa de este equilibrio cuando éste funciona sin grandes tropiezos.

Una forma de mantener este equilibrio celular es darle algo que hacer al cuerpo, ya que se sabe que todo lo que no se usa se atrofia y favorece el envejecimiento.

El mayor riesgo de depresión, enfermedad, envejecimiento y muerte prematura lo tienen las personas sedentarias.

Está comprobado que aún los ancianos, tanto varones como mujeres, incluso centenarios, incrementan su fuerza, resistencia y masa muscular, en la misma forma que las personas más jóvenes de cualquier edad.

El incremento de la actividad física puede revertir los efectos previos de la entropía; y más aún si se combinan con una dieta alimenticia saludable y equilibrada.

El libro “Biomarkers” (biomarcadores), escrito por los científicos Williams Evans y Brian Rosenberg, señalan diez indicadores de la edad que actualmente se consideran reversibles:

1) Masa muscular delgada
2) Fuerza
3) Tasa de metabolismo basal
4) Grasa corporal
5) Capacidad aeróbica
6) Presión sanguínea
7) Tolerancia al azúcar sanguíneo
8) Proporción Colesterol/HDL
9) Densidad ósea
10) Regulación de la temperatura corporal

Estos marcadores se desequilibran con la edad y los más importantes de ellos son la masa muscular y la fuerza; porque el cuerpo tiende a duplicar su grasa y a perder la masa muscular, y los músculos tienen mucha influencia en la vitalidad del cuerpo.

Evans y Rosenberg afirman que si se adquieren músculos en edad avanzada los ancianos pueden rejuvenecer en forma notable todo el funcionamiento de sus órganos, mejorar la presión arterial, la tolerancia al azúcar sanguíneo, la declinación metabólica y la capacidad del cuerpo de regular su temperatura, además de hacer que se sientan más jóvenes y con mejor estado anímico.

Apenas veinte minutos de caminata, tres veces por semana, mejora los niveles de colesterol en sangre, aunque lo mejor es que la actividad física sea indicada individualmente según la edad y el estado físico.

Sin embargo, a pesar de estos beneficios sólo un veinte por ciento de los ancianos, en los Estados Unidos, se mantiene activo.

Fuente: “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”, Deepak Chopra

Cuidando tu piel con un presupuesto mínimo


La piel es el órgano más grande de tu cuerpo y trabaja intensamente a tu favor las 24 horas del día. A cambio de su esfuerzo, se merece que la cuides para conservarla saludable y lozana. Pero, ¿cómo puedes hacerlo sin gastar una fortuna en todas las cremas y productos que recomiendan los anuncios publicitarios? Los expertos de la Academia Americana de Dermatología han preparado una serie de consejos para que puedas brindarle a tu piel la atención que necesita sin salirte del presupuesto.

La piel es el vestido que nos ha regalado la naturaleza, por lo que es lógico que quieras conservarla en perfectas condiciones: suave, pareja, sin manchas. Pero por razones económicas, no puedes invertir en muchos productos o en cremas muy costosas. Sigue los consejos de los dermatólogos para que la mantengas en óptimas condiciones gastando lo mínimo.

Lo que los expertos recomiendan:
Un punto básico: la limpieza. Para la cara: utiliza un jabón neutro y no muy astringente o una crema limpiadora suave para que puedas usarlos en cualquier tipo de piel. Si tu cutis es muy grasoso o padeces de acné, no te laves la cara excesivamente para no estimular demasiado la producción de las glándulas sebáceas. Quítate el maquillaje siempre antes de acostarte.
No necesitas productos muy costosos para la limpieza, solamente necesitas constancia para mantener tu piel libre de impurezas y de desagradables granitos o puntos negros.
¡No te olvides del humectante! Lo mismo lo necesita la piel del rostro que la del cuerpo. Aplícalo en la mañana antes del maquillaje por todo el cutis. Para el resto del cuerpo, el mejor momento para aplicarlo es después del baño o la ducha cuando la piel está todavía húmeda. Así se sella mejor la humedad.
Usa siempre protector solar. Es una buena idea escoger una crema humectante para el rostro que ya contenga FPS. Pero si trabajas a la intemperie, o practicas deportes al aire libre necesitarás una crema protectora más potente.
Recuerda usar protección solar los 365 días del año para proteger tu piel de los efectos nocivos de los rayos solares, para evitar el cáncer de la piel y para reducir la aparición de manchas y arrugas que son producto de la resequedad y/o de la exposición exagerada al sol.
Busca productos poco costosos pero efectivos. ¿Quieres un ejemplo? La vaselina (petroleum jelly). Sirve igual que la crema humectante para las manos, elimina las asperezas de los codos, de los talones y de las rodillas, ayuda a suavizar cutículas, alivia los labios cuarteados por el frío, y si tienes un bebé, combate los enrojecimientos y peladuras producidas por los pañales. En un envase de tamaño familiar, te saldrá más económica y pueden usarla varios miembros de la familia.
Ten presente que el precio no determina la calidad o lo que más te conviene. Si usas un producto genérico con constancia, te beneficiará más que otro más costoso que solamente uses de vez en cuando. Si padeces de algún tipo de alergia, sí necesitas elegir un producto antialérgico para evitar reacciones. Generalmente las marcas más costosas contienen fragancias que resultan irritantes.
Evita la duplicación de productos y consúmelos hasta que se acaben. De esa forma ahorras dinero y espacio en el tocador o en el cuarto de baño. Además, los botes que se quedan a medio uso pueden contaminarse, pueden ponerse rancios o perder su efectividad.
Elige productos que puedan cumplir una doble función: humectante para el rostro o un bálsamo para los labios combinados con protector solar, una crema de textura rica que sirva para las manos y para el resto del cuerpo.
Si quieres mantener tu piel lozana y juvenil, adquiere cremas que combatan las señales de envejecimiento y que contengan vitamina A y/o ácido alfa hidróxido. De nuevo, no necesitas comprar la más cara para que resulte efectiva.

Recuerda siempre que el cuidado de la piel va más allá de una cuestión cosmética. Es también cuestión de salud. No sólo sirve de envoltura a tus tejidos, músculos y órganos, sino que es tu barrera protectora contra los elementos nocivos del entorno, como los rayos ultravioleta, los virus y las bacterias. Regula la temperatura de tu cuerpo mediante el sudor y de paso, elimina toxinas. Y por si fuera poco, como órgano táctil, actúa como un gran receptor de información que te mantiene en contacto directo con el mundo. Es gracias a la piel que puedes sentir a diario sensaciones maravillosas como la frescura de la brisa y el agua, el calor del sol, o el beso de un hijo. Devuélvele el favor con una buena rutina de cuidados que de paso no tienen porqué perjudicarte el bolsillo.